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El asesinato de Agatha Christie

February 27, 2017

 

Agatha Christie no murió de una puñalada en el pecho, ni envenenada al comer una pasta de té, ni fue descuartizada, ni su cadáver fue enrollado en una alfombra y enterrado en la jardín de una mansión. No, falleció por causas naturales cuando ya era una octogenaria. Pero, años antes, en 1926 se temió por su vida al desaparecer sin dejar huella durante once días.

 

¿Dónde está Agatha Christie?

LONDON. H.Y.SMITH

Según informaciones de Scotland Yard, Agatha Christie desapareció la pasada noche. Su jardinero fue la última persona en verla y nada en su aspecto le advirtió del futuro suceso. “Llevaba un traje gris, sombrero y paraguas, me saludó amablemente y me dijo que debía echarle más abono a las azaleas, le dije que así lo haría y eso fue todo”,  declaró su empleado a este tabloide. Phill Murray, agente especial de Scotland Yard, desprende de sus investigaciones que Agatha Christie no pretendía fugarse, que alguien ha tenido que raptarla o detenerla contra su voluntad. En rueda de prensa el agente Murray  aseguró que la policía, por orden expresa del Primer ministro, está poniendo todos sus efectivos humanos y técnicos al servicio de este misterio, para lograr dar con el paradero de la señora Christie lo antes posible.

 

Agatha recostó la cabeza hacia atrás en el asiento de aquel deportivo y dio una profunda calada a su cigarrillo. Sus ojos permanecieron cerrados apenas unos instantes. Al abrirlos, la desesperación se asomó a sus pupilas y empezó a llorar tapándose la cara con ambas manos. Algunos escritores lloran mares de tinta sobre sus páginas, pero no era el caso de Agatha Christie. Ella nunca lloraba porque lo tenía todo bajo control. Sus novelas eran un engranaje perfecto que desafiaba la inteligencia del lector llevándole hasta los finales más trepidantes e insólitos. Le gustaba sentarse en su silla de creadora y tener todo en su sitio, el arma homicida, el móvil del crimen, el mayordomo, el resto de sospechosos, la víctima y su flemática familia, el investigador… Se jactaba de jugar a su antojo con esas vidas de ficción, esas vidas siempre ordenadas, sin secretos para ella, la toda poderosa reina del misterio. Por eso la noticia, le cayó como un jarro de agua fría. Cómo se atrevía él a desestabilizar así el argumento de su propia vida, tan bien diseñado por sí misma, para sí misma.

 

¡EXTRA, EXTRA!

El marido de Agatha Christie interrogado.

THE GUARDIAN

 

¿Agatha Christie asesinada por su marido?

THE DAILY TELEGRAPH

 

El coche estaba aparcado en el acantilado. Desde allí, la visión de la costa escarpada y las rocas puntiagudas era terrorífica. Empezaba a caer la noche y el mar se oscurecía. Agatha, ajena a todo lo que le rodeaba, seguía llorando, mientras se tapaba con ambas manos la cara. ¿Por qué? ¿Qué tenía de especial aquella mujer? Por el amor de dios, ella era popular. Una mujer influyente. No sabía qué podría haber visto en esa secretaria de tres al cuarto. Iba a abandonarla. A ella. ¡A ella! Que le había dado un nombre y una posición. La respiración se aceleraba según su cabeza ideaba tramas conspiratorias. ¿Desde cuando la engañaba?, ¿sus domingos en el club de caballeros eran un fraude? Ahora entendía por qué siempre cerraba la puerta del despacho cuando hablaba por teléfono… La había engañado a ella, a la maga de los engaños, que irritante paradoja. Agatha Christie era ahora el personaje, la víctima de una novela de la cual era imposible saber la trama. Pero se negaba a que pasara eso, se negaba a deambular por las páginas de su vida, sin tener las riendas y el control de lo que le rodeaba. Así que prefería una muerte poética para poner fin a la historia.

 

Con los ojos todavía inundados de lágrimas, giró la llave en el contacto. El coche, quejumbroso, le dio la bienvenida. Sólo tenía que apretar el acelerador para acabar con todo, apenas treinta segundos serían suficientes para pasar la última página y ver estampada en helvética la palabra “Fin”. La suela de sus tacones acarició la superficie del acelerador suavemente, los ojos de Agatha se perdieron en un vacío que no estaba en ninguna parte.

 

Había caído la noche, el viento le daba en la cara despertando el rastro de sus lágrimas, una caricia fría, para la despedida pensó, y mientras pensaba esto dejó caer todo el peso de su pie sobre el pedal. El motor chilló con furia y las ruedas de atrás rodaron hasta quemar sus cubiertas. El coche no avanzó, lady Christie no entendía por qué. Miró a un lado y descubrió que el freno de mano, seguía echado. No se atrevió a tocarlo, levantó el pie del acelerador y se hizo un ovillo en el asiento, su cara estaba desencajada y su cuerpo temblaba como una sábana tendida un día de tormenta. Se abrazó las rodillas, recostó su mejilla derecha contra ellas, y pudo ver por el retrovisor, cómo detrás, la luz de una casa, apenas a unos cien metros, la invitaba a acercarse. Metió marcha atrás, y el coche se deslizó en dirección contraria a la muerte.

 

Encontrado el automóvil de Agatha Christie en una cantera

 J.MCFATE

Continúa el misterio de Agatha Christie. En la tarde de ayer se encontró su automóvil, un Morris Cowley, abandonado cerca de Guilford, al sur de Londres, pero sin rastro de la novelista. Se baraja la hipótesis de que se haya ahogado en un largo cercano. Se están tomando las medidas oportunas para proceder al fondeo del cenagal.

 

Llevaba gafas de sol y un pañuelo anudado al cuello que le cubría la cabeza, al estilo de las actrices de Hollywood que llenaban las pantallas con sus risas. Se registró en el pequeño hotel: Teresa Neele. Ciudad del Cabo. El botones le preguntó por su equipaje y ella por toda respuesta le entregó una generosa propina. Subió las escaleras con la mirada puesta en el final de las mismas, mientras el recepcionista y el botones la observaban atentamente.

 

Aparece Agatha Christie sana y salva

DURREL O'CONNOR

Tras once días de intensas búsquedas, la policía ha encontrado a Agatha Christie en Harrogate. La escritora se encontraba hospedada en el balneario  Swan Hydropathic y se había registrado con el nombre de Teresa Neele, nombre que coincide con el de la amante de su marido. La novelista, en perfecto estado de salud, dice no recordar cómo llegó hasta el hotel. Por ello los médicos le han diagnosticado una fuerte amnesia, atribuida a una crisis nerviosa, provocada por una discusión con su marido la tarde antes de su desaparición. Ya que este le confesó que tenía una amante y que quería el divorcio. Con todo, Agatha Christie, reposa ya en su residencia habitual de Greenway, arropada por su familia.

 

Agatha se recostó en su sillón de orejas, miró por la ventana, las azaleas estaban comenzando a brotar, llevó la pluma a sus labios, reflexionó unos instantes, para acto y seguido garabatear en un block:  El día que asesinaron a Agatha Christie, ella estaba de vacaciones…

 

María Ruisánchez Ortega

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